La historia de María y su inmigración

La historia de María y la inmigración

Cuéntanos algo sobre los orígenes de tu familia.

Las raíces de mi familia están en El Salvador. Éramos campesinos de La Joya, en San Vicente, donde mi familia vivió durante generaciones.

Durante la década de los 80, la violencia de la Guerra Civil salvadoreña lo cambió todo. Mi familia se vio obligada a abandonar La Joya tras ser expulsada por la milicia. Por aquella misma época, mi abuela sufrió una pérdida inimaginable: su marido, mi abuelo, y su hijo mayor fueron asesinados con solo tres meses de diferencia entre uno y otro, lo que hizo imposible seguir viviendo en La Joya.

Al no haber ninguna forma segura de quedarse en el campo, mi abuela no tuvo más remedio que trasladarse con la familia a la ciudad. Finalmente, nos instalamos en el cantón de Antón Flores, en San Vicente, donde crecí.

La historia de nuestra familia es una historia de resiliencia, supervivencia y de volver a empezar tras una tragedia. Los sacrificios que hizo mi abuela nos dieron a las generaciones futuras, incluyéndome a mí, la oportunidad de construir una nueva vida sin olvidar nunca de dónde venimos.

¿Cuál es la historia de la migración de tu familia?

La guerra civil en El Salvador hizo que la vida cotidiana resultara imposible para mi familia. Ante la violencia y la inestabilidad continuadas, mi madre, mis tías y mis tíos no tuvieron más remedio que marcharse a Estados Unidos en busca de seguridad y de la oportunidad de labrarse un futuro.

En 1992, mi madre tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida. Nos dejó a mi hermana pequeña y a mí en El Salvador con nuestra abuela para poder emigrar a Estados Unidos y trabajar con el fin de darnos una vida mejor. Yo apenas tenía dos años y mi hermana solo unos meses.

Mi abuela, que ya había sufrido una pérdida tremenda durante la guerra, se quedó sola a cargo de su hija menor y de sus cuatro nietas. Era una responsabilidad enorme, pero, como tantas familias salvadoreñas, hicimos lo que teníamos que hacer para sobrevivir.

La historia de la migración de nuestra familia es una historia de sacrificio, separación y resiliencia. La decisión de mi madre de dejarnos atrás fue un acto de amor y esperanza. Ella creía que el dolor temporal de la separación les daría algún día a sus hijos la oportunidad de vivir a salvo y de aprovechar oportunidades que ya no eran posibles en El Salvador.

¿Qué recuerdo, historia, receta u objeto habéis conservado tú y tu familia?

El recuerdo que guardo es el de una Navidad en la casa de adobe de mi abuela en El Salvador. No teníamos mucho, pero recuerdo estar sentada en el suelo con mis primos, comiendo panes rellenos y bebiendo Coca-Cola. No fue una celebración lujosa, pero estuvo llena de risas y de un sentimiento de pertenencia.

A medida que he ido creciendo, me he dado cuenta de que esos momentos sencillos lo eran todo. Cada vez que pienso en aquella Navidad, recuerdo de dónde vengo, la fortaleza de mi abuela y la importancia de los lazos que nos unían. Ese recuerdo me mantiene con los pies en la tierra y me recuerda que nuestra mayor riqueza nunca fueron las cosas que poseíamos, sino las personas que compartieron esos momentos con nosotros.

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